En el marco de un debate como propuesta evaluativa, la docente de Filosofía, Mariel Fonseca, planteó a su grupo de 6to año de Social Económica debatir sobre la pregunta anteriormente formulada. La alumna Paula Rodríguez aceptó el reto como sus compañeros y compartió esta creación.

 

Si tomamos el ejemplo de Sócrates, quien fue acusado de corromper a los jóvenes y negar la existencia de los dioses, a su entender injustamente, podríamos afirmar que efectivamente es posible vivir como se piensa. Cuando llegó la hora de cumplir con el castigo, pena de muerte, por los delitos que él había cometido; ante la posibilidad de escapar a ese destino, Sócrates prefirió ser fiel a su discurso anterior y aceptar lo que vendría.

Hoy, es probable que todos estemos de acuerdo en que mostrar una forma distinta de pensar, o plantearse el real poder de las divinidades, no es un delito por el que uno debería pagar con su vida; pero en aquel entonces, mientras Sócrates estaba vivo, sí lo era. Las leyes atenienses de aquel entonces lo tomaban como un delito, y Sócrates desde el momento en el que decidió y aceptó vivir en esa Polis, se comprometió a cumplir con ellas.

Es por esto que para Sócrates sería injusto haberle sido fiel a su Polis siempre, hasta el momento en el que ya no era de su conveniencia.

En su discurso, el filósofo antiguo sostenía que uno debía ser consecuente, y actuar de modo que reflejara sus ideas siempre. Por eso actuar de otra manera implicaría una deshonra. Vivir con deshonra, para Sócrates no es vida, ya que la vida no tiene valor por el hecho de vivir en sí, sino que de vivir bien, rectamente.

Vivir bien es vivir con honestidad y justicia; y aunque él considerara que su castigo era injusto, sostenía que devolver una injusticia con otra injusticia no generaría nada, sino más injusticia.

Sin embargo, yo creo que vivir como uno piensa es más difícil de lo que Sócrates demostró parecer. Habría que plantearse bien, si realmente detrás de todas sus acciones existió un respaldo en sus ideas y pensamientos que no se contradijeran en lo más mínimo entre ellas.

Es muy fácil, y en algún punto hipócrita, poder decir que uno está actuando siempre de acuerdo a lo que piensa; porque no estamos solos en este mundo, sino que hay millones de personas con sus propios pensamientos, que interfieren en nuestra vida y no nos permiten actuar verdaderamente de la forma en que nosotros pensamos individualmente.

Vivimos en un país de democracia, en la que se intenta escuchar la voz de todos, pero a la que se le hace caso es a la mayoría. Entonces, aquellos que pertenecen a la minoría restante, considerarían que existen injusticias, que a veces, tienen sus consecuencias.

Para explicar mejor la idea puedo recurrir a un ejemplo que se discute desde hace algunas décadas pero sigue sin existir un punto de encuentro que permita que todos estén satisfechos con él.

En el año 1986 se votó en la sala de representantes de nuestro país la conocida “ley de caducidad” o llamada oficialmente “Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado”. Mediante esta ley se estableció la caducidad del «ejercicio de la pretensión punitiva del Estado respecto de los delitos cometidos hasta el 1º de marzo de 1985 por funcionarios militares y policiales, equiparados y asimilados por móviles políticos o en ocasión del cumplimiento de sus funciones y en ocasión de acciones ordenadas por los mandos que actuaron durante el período de facto». Dicho en otras palabras, a través de esta ley, se declaró que no se juzgaría a aquellos militares o policías que hayan violado los derechos humanos en el período de nuestra dictadura (1973-1985).

A pesar de que en el año 1989 y en el 2009 se llevaron a cabo plebiscitos para derogarla, no se alcanzó la cantidad de votos suficientes para hacerlo, por lo tanto esta ley sigue vigente.

Podemos ver cómo una mayoría, está de acuerdo con la existencia de la ley, pero un 47,98% de la población habilitada para votar en el 2009 no lo estuvo; que a pesar de no ser mayoría, son una gran cantidad de personas.

Con este ejemplo vemos cómo a pesar de que muchos piensan de un modo, no pueden hacer nada al respecto para obrar en consecuencia de él. La democracia de nuestro país hizo que algunas leyes existentes, no dejen a todos satisfechos, pero que deban abstenerse a actuar de otro modo que incumpla con lo estipulado, aunque así lo piensen.

También puedo pensarlo de otro modo, Sartre decía que los hombres estamos condenados a ser libres, que la libertad no se elige, sino que se tiene, sí o sí. Entonces, siempre tenemos la libertad de actuar como pensamos, la libertad propia y no la que otorga la comunidad o la sociedad.

Siguiendo esta idea podría pensar que aquellos que no estén conformes con las leyes del lugar en el que se encuentren, siguen teniendo la posibilidad de elegir, si hacer lo que piensan o lo que el Estado les autoriza.

En la película “Sacco y Vanzetti”, dos hombres están condenados a muerte por haber hecho cosas que el Estado determina que están mal, como la práctica del anarquismo, “así lo establece la ley”. Pero ellos prefieren morir, sosteniendo que hicieron lo que pensaban, que vivir sin haberlo hecho.

Sin embargo, uno puede no estar de acuerdo con muchas cosas que ocurren en la política, las leyes o las normas, pero también puede creer que si existen es necesario cumplirlas. Entonces se puede encontrar en un lugar con dos opciones; la primera sería actuar siguiendo su pensamiento en contra de una ley determinada, incumpliendo que lo determinado por el Estado, y la otra sería aceptar esa ley, sin compartirla, dejando a un lado su pensamiento pero entendiendo que el Estado es el que decide.

Sócrates sostenía que si uno vive en una Polis, se compromete a cumplir con las leyes que la rigen, por lo que el pensamiento debería indicar que hay que seguir esas leyes aceptadas previamente, las considere justas o no.

Entonces, de cualquiera de las dos maneras, en algún punto estaría siéndole infiel a su pensamiento.

De todos modos, a veces uno tiene que vivir en un lugar, con normas que no le gustan y no quiere aceptar, pero no tiene forma de escapar de ellas. Sea por falta de recursos económicos, por falta de lugar a dónde ir o restricción a la hora de migrar, muchas personas se ven obligadas a vivir en un Estado que no quieren. Y nuevamente, se reduce la capacidad de actuar como uno desea y piensa.

Existen por un lado, personas que a pesar de vivir en condiciones que no creen justas, deciden adaptarse a ellas por amor a su patria. Tal es el caso en la película “El Dictador” de Charles Chaplin, en la que a pesar de ser perseguida para ser llevada a un campo de concentración o para ser asesinada por su religión, la protagonista destaca que prefiere asumir esos riesgos, a abandonar su lugar “yo no quiero irme, aún con sufrimientos y persecuciones adoro esta tierra”.

Pero también están aquellas personas que viven en un lugar, privados de sus derechos y aunque deseen escaparse para poder vivir como realmente piensan, no se les permite.

En África, por ejemplo, existe la costumbre de mutilar los órganos femeninos, más allá de su voluntad con el fin de que no disfruten, y en algunos casos no puedan mantener relaciones sexuales. Estos rituales consisten a veces en extirpar sus labios mayores, menores y cosérselos, para que únicamente les quede un orificio por el cual poder orinar. Después de casadas, sus esposos, cuando sientan el deseo, deben cortarles la costura con ayuda de un cuchillo, para poder mantener relaciones sexuales con ellas.

Decido dejar explicito cómo es el proceso, para reflejar cómo, a pesar de que ellas no quieran y se nieguen; por abusos de poder, aceptados en esas culturas, se les practica esto, sin que ellas mismas lo elijan. Pero hablamos de mujeres en situación de pobreza, con bajos recursos, o sin un lugar seguro para irse donde ser aceptada y cuidada; que tienen como  única opción, aceptar lo que les harán, sin poder hacer nada para cambiarlo.

En una sociedad con un pensamiento o ideologías muy marcadas, es muy difícil lograr ser distinto y obrar en libertad, ya que si no corresponde a las normas y leyes de ese conjunto, difícilmente sea aceptada una conducta diferente.

En la película de Chaplin, en el momento en que el general “Schultz” decide abandonar su lugar al lado del “Hynkel”, el dictador, le dice a este “juntos son todos muy valientes pero no tienen las agallas para luchar por separado”. Es interesante pensar esto también, cuando uno es mayoría, es muy fácil actuar como piensa, pero si está solo es mucho más difícil.

Es muy difícil ganar cuando uno está parado solo frente a varios en la orilla opuesta, porque más allá de la fortaleza de los argumentos, muchas veces lo que mueve las acciones y las decisiones del hombre o la mujer, es el respaldo ciego de las masas.

Además, es muy fácil para uno hablar de la moral, de qué hay que hacer y cómo hacerlo, si tiene un grupo de gente detrás que va a secundarlo. Podemos pararnos todos a decir que hicimos tal o cual cosa, con un gran fundamento moral por detrás; pero porque sabemos que tendremos más personas apoyando esto y que no pasará desapercibido.

Muchas veces, podemos ser muy firmes con nuestro discurso, planteándonos cómo se debería actuar, pero no lo llevamos a cabo. Podemos pensar que la pobreza es una injusticia, y dejar satisfecha a nuestra propia conciencia, pero no hacer nada para fomentar el cambio.

Hace un tiempo leí en internet algo que decía “para cambiar la desigualdad no sirve estar tan cerca del privilegio y tan lejos de la injusticia”. Para lograr luchar contra eso que creemos injusto, es necesario acercarnos a esto para poder combatirlo, no conformarnos con verlo desde afuera y pensar en la gravedad del asunto. Esa es, para mí, la parte complicada; lograr darse cuenta de que con tener conciencia, no alcanza, y ver si realmente estamos actuando en consecuencia de eso que pensamos.

No por maldad, pero solemos pensar que siendo firmes con nuestras ideas y diciéndolas, ya es suficiente, y a pesar de que no actuemos en contra de ellas, muy pocas veces actuamos a favor de ellas.

Uno puede pensar que la pobreza es un problema para la sociedad, que la discriminación a los sectores y personas con menos recursos está mal, que todos merecemos las mismas posibilidades, etc. pero a pesar de esto, puede pasar por al lado de una persona en situación de calle, y mirar para otro lado.

Adela Cortina abarca el tema de la pobreza, desde un nuevo nombre, la “Aporofóbia” que refiere al rechazo al pobre. Este rechazo sale de un pensamiento de superioridad, de aquel que tiene más recursos, sobre los que tienen menos.

Existe en nuestra sociedad una pena judicial a la explícita discriminación a cualquier ser humano, independientemente de su etnia, orientación, religión, posición socio-económica, etc. Pero a veces es muy difícil ver dónde está el límite de esto, ya que puede ser confundido con el concepto de “libertad de expresión”, siendo una persona totalmente libre de expresar sus pensamientos y/o creencias.

A fines de mayo de este año en Argentina, comenzó a difundirse un video en el que dos hombres, en auto, pasan por abajo de un puente en el que se encuentran varios indigentes durmiendo, y al verlos, deciden frenar el vehículo y prender fuego, con ayuda de algún combustible sus colchones; provocando que uno de ellos, con 78 años, tuviera que ser internado en el hospital por quemaduras en la cara y los brazos.

Este acto, a pesar de que puede haber causado algún par de risas, a la mayoría de los que nos llegó el video, nos horrorizó. No solo por el hecho de acercarse a dos personas que tienen poco y nada e intentar prenderles fuego las cosas y hasta a ellos mismos mientras dormían, sino que por el hecho de haberlo filmado como una gracia, con el mensaje de “miren lo que hicimos, se lo merecían”.

Indudablemente, este fue un acto repudiado por la enorme mayoría de las personas, que a pesar de que no se logró hacer justicia porque los casi asesinos se dieron a la fuga, la policía argentina hizo sus investigaciones para intentar que estos hombres no quedaran impunes.

Sin embargo, sin ponerlos al mismo nivel, existen actos que a mi entender son de discriminación hacia el mismo sector de la población, que son naturalizados por muchos y aceptados con normalidad. Un ejemplo de esto puede ser el comúnmente escuchado “si no tienen plata es porque no se esforzaron lo suficiente”, o hasta el más explícito aún “pichi de porquería”.

Los comentarios de este tipo, que escuchamos diariamente, son en mi opinión, los que hacen creer a gente como los dos hombres del video, que lo que hicieron está bien o es aceptable.

Pero quedarse callado ante comentarios así, también es una forma de aceptación a esa discriminación; más allá de que dentro de nuestra cabeza sepamos que no lo vemos de ese modo, dejar pasar los dichos anteriores, es una forma de avalarlo. Tal vez si estamos con amigos, sí nos animamos a decir nuestra opinión y a poner un freno, pero habría que ver si estando rodeados de miles de personas diciendo cosas parecidas, uno se animaría a decir lo que realmente piensa.

La discriminación por la posición socio-económica, es solamente un ejemplo entre millones de cosas en las que podemos pensar firmemente de una manera, pero a la hora de defenderla, no somos tan firmes y podemos hacer “la vista gorda”.

Como mencionaba anteriormente, es muy difícil determinar una vara en la cual se decide si existe una discriminación o es solamente libertad de expresión en la forma de actuar o de pensar de cada uno. ¿Habría que aceptar los pensamientos o acciones de una persona siempre?

Adela Cortina dice, y comparto en gran parte con ella, que esa libertad de expresión debe existir como derecho fundamental de todo ser humano, siempre y cuando no interfiera con los derechos o la integridad de otro, y es el Estado y la política quien debe encargarse de que esto funcione correctamente.

Pero es muy fácil decirlo y entenderlo, sin embargo en la práctica es complicado reconocer cuando esto ocurre y cuando no, ya que cada uno tiene su propio concepto de lo que debe considerarse justo o injusto, bueno o malo.

¿Hasta qué punto debe ser escuchado aquel que se manifiesta en contra del matrimonio igualitario? Atentando contra el derecho de cada individuo de casarse con quien elija mientras ambas partes estén de acuerdo. ¿Hasta qué punto debe ser escuchado aquel que exige pena de muerte? Atentando contra el derecho a vivir de cada persona. ¿Hasta qué punto debe ser escuchado alguien que piense el hombre es y debe ser superior a la mujer, el que dice que una persona no puede tener el poder de decidir si quiere llevar a cabo un embarazo, el que piensa que debemos olvidarnos de las torturas, muertes y desapariciones que ocurrieron en la dictadura?

La lista de preguntas similares a esta podría seguir y hacerse larguísima, sin embargo, cada persona podría tener su propia lista cuestionando cosas diferentes y contradictorias a las mías, ¿y quién decide cuál es la correcta? El Estado. Y en nuestro país, a pesar de que haya representantes, el Estado somos todos, entonces nunca se va a lograr llegar a un acuerdo en el que todos estén satisfechos.

El Estado somos todos, y el gobierno es la representación de lo que quiere la mayoría; pero siempre habrá una minoría en desacuerdo, que no podrá actuar como piensa, porque hay algo más grande, con más poder que ellos, que es el Estado.

 Paula Rodríguez

 

 WEBGRAFÍA:

  •   https://es.wikipedia.org/wiki/Ley_de_Caducidad_de_la_Pretensi%C3%B3n_Punitiva_del_Estado#Creaci%C3%B3n_de_la_ley
  •       https://www.infobae.com/2011/05/20/1025488-que-es-la-ley-caducidad/
  •       https://www.nodo50.org/mujerescreativas/Castracion%20femenina.htm
  •       https://edition.cnn.com/videos/spanish/2019/05/24/argentina-prenden-fuego-a-dos-indigentes-perspectivas-buenos-aires.cnn
  •       https://www.youtube.com/watch?v=aQkf0AYwg-M – Discurso final “Sacco y Vanzetti”
  •       https://www.youtube.com/watch?v=AAW_lHZAOus – “El Dictador” Charles Chaplin

 

BIBLIOGRAFÍA:

  •       Repartido: Unidad II/ El ciudadano y la justicia
  •       Repartido: Unidad II/ La exclusión como problema filosófico-político.
  •       Apuntes de clase.
  •       Monografía “Cuba yo te quiero libre” de Federica Dibarrart, Paula Rodríguez, Francisco Soumastre, Franca Valder.