Manuela Pereira y María José Araújo, alumnas de sexto de Economía y Derecho respectivamente, son parte del equipo de Huitzil, escuela de animación del Latino. En el marco del Taller de periodismo y audiovisual de Secundaria, dictado por Sofía Kortysz, redactaron este número en el cual cuentan cómo vivieron la experiencia del primer día de su último Club de Vacaciones del Latino como animadoras.
Llegó el día que tanto anhelábamos. Daban las doce del mediodía en el año 3019. Montevideo se encontraba frío. Los animadores de todas las generaciones nos reunimos en el “búnker” para finalizar la planificación de la jornada y ponernos en marcha con el trabajo que quedaba por hacer. Al igual que los niños, nos dividimos entre las tres diferentes comunidades que juntas formaban la Confederación X: el fuego, la tierra y el agua. Mientras seguíamos con los preparativos de nuestro último club de vacaciones (CVL), atendiendo que no se nos escapara ningún detalle, se acercó la hora de la llegada de los primeros alumnos. El reloj marcó la una de la tarde, los niños -que iban desde preescolar hasta sexto de primaria- empezaron a arribar e inmediatamente se pusieron a jugar. A la media hora comenzaron las presentaciones por comunidad. Allí “pasamos la lista” e hicimos el primer juego guiado.
A continuación nos dirigimos hacia el roble donde practicamos algunas danzas para entrar en calor. En ese momento se dio apertura a los talleres fijos. En Espacio Retro les enseñaríamos a los niños juegos de nuestra infancia como el tetris; en la Radio Picaflor sonorizaríamos el CVL y, en el taller Triple R, haríamos manualidades con materiales reciclados o reutilizados. También se presentaron otros talleres, que dictarían integrantes invitados, como los de música, robótica o cocina. Después de un buen rato libre, fuimos a merendar. Luego iniciamos la búsqueda de la fórmula X, que consistió en encontrar diversos ingredientes para hacer un experimento que simulaba la erupción de un volcán. Fue un día espléndido y alegre para todos, el primero de esas dos movidas semanas.
Visitar el futuro nos permitió valorar el presente así como tener otra perspectiva del mundo y la importancia de cuidarlo. Sin más, estas colibríes se despiden, hasta siempre, con ansias de volver a volar los hermosos cielos del Latino.